He renunciado a todos los hombres para vivir para Dios
- 19 dic 2024
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Sofía Hervías. Madrid.
Presentamos a una joven cuya forma de vivir es peculiar; hablamos que ha tomado la decisión de mantenerse en el celibato; mostrando que es mucho más que una ausencia. A lo largo de la entrevista, nos cuenta de dónde viene este concepto y lo que supone, además de cómo ha marcado su vida y cómo la enfrenta en un mundo donde las expectativas sociales son distintas.
Pregunta:¿Qué es el celibato?
Respuesta: Etimológicamente consiste en ser soltero por castidad, ya sea por no querer casarse, por dedicarse a algo concreto, por querer contraerlo y poner los medios para lograrlo pero todavía no haberse casado…. Es decir, es una persona que no ha contraído matrimonio.
P: Entonces, ¿qué es el celibato cristiano?
R: En el caso cristiano el celibato va más allá porque consiste en renunciar al matrimonio de manera libre y voluntaria por un compromiso de amor a Dios. Son aquellas personas llamadas a que su vida sea servicio a Dios, para que solo él sea quien llene su corazón. Como consecuencia de vivir para Dios, como él mismo hizo; vivir para los demás.
P: ¿Cómo uno sabe o decide que es llamado a esa vocación?
R: La vocación cristiana es el camino que cada persona tiene para encontrar a Dios; por eso, es personal. La mayoría está llamada al matrimonio pero hay otras que están llamadas al celibato. Es complejo hablar de vocación, porque no es que te llegue una carta o un mensajero diciendo cuál es tu camino, sino que por un proceso de discernimiento. Y después, libremente, cada uno decide si sigue ese camino u otro para ser felices en la tierra y así, poder ser felices en el cielo.
P: Si una persona que ha mantenido relaciones sexuales, por lo tanto, no es virgen, tiempo después descubre que su vocación es el celibato, ¿se le perdonaría?
R: Sí, puede vivir el celibato. Muchas personas mantuvieron relaciones sexuales y después vivieron el celibato. Por ejemplo, se dice que San Agustín tenía un hijo y cuando era mayor, san Ausín se convirtió al cristianismo, y decidió ordenarse sacerdote.
P: ¿Una persona que se mantiene en el celibato está más cerca de Dios que las personas que tienen vocación al matrimonio?
R: No, porque el celibato es parte de la vocación, es decir, un camino personal. Sí que está más cerca de Dios una persona que vive para él, pero para ello no es necesario el celibato. Una madre de familia, por ejemplo, con su trabajo profesional, sus esfuerzos por ser mejor, y especialmente por estar cada día más cerca de Dios, le pueden llevar a estar más cerca de Dios que alguien que vive el celibato pero que no vive tanto para Dios.
P: Cuando se menciona la palabra celibato, nos viene a la mente una monja o un cura pero, ¿hay otras personas que también estén llamadas a esta vocación?
R: Sí, hay muchas. Centrándonos en el celibato cristiano, y no solo el celibato, dentro de la Iglesia hay consagrados, personas laicas que viven para Dios… Hay muchas vocaciones distintas que están llamadas al celibato.
P: ¿Cuál es su experiencia respecto a la vocación?
R: Vivo el celibato pero soy laica. Esto quiere decir que no soy monja ni consagrada, por lo que con libertad mis circunstancias no cambian; sigo viviendo “en medio del mundo”. Veo a mis amigos, a mi familia… con total libertad. Estudio una carrera universitaria para el día de mañana trabajar en lo que me guste. Es decir, vivo con la libertad personal y profesional para vivir como lo hacen mis amigos, en medio del mundo, sin distinción de los demás, pero “comprometida” con Dios. Implica renunciar a cosas, como es formar una familia porque he decidido vivir para él.
P: ¿Cómo toma uno esta decisión?
R: Hace unos años, llevaba un tiempo rezando sobre la vocación, y le decía a Dios: “Señor, ¿qué camino tienes pensado para mí? ¿Qué camino me regalas?”. Estaba muy tranquila pensando que mi camino sería el matrimonio, porque es el más común y el más “natural”. Hasta que en la oración, sin palabras, pero oigo y “siento”, que el camino que Él me dice que me llevará a vivir más feliz es el celibato. Lógicamente, el primer impacto que me dura bastante, es de miedo e incertidumbre porque no es el escogido por mucha gente e implica de primeras muchas renuncias. Tienes que fiarse completamente de Dios, al que no ves ni oyes físicamente. Le pedí ayuda para vivir este camino, al responder, fue tan grande la felicidad y la Paz que, actualmente, después de varios años, sigo siendo plenamente feliz, y aunque no es un camino de rosas, sé que es lo mío y que es el camino donde más feliz voy a ser, porque vivo por completo por Dios, fuente de la felicidad de cualquier persona.
P: ¿Qué impacto ha tenido en tus relaciones y amistades?
R: No ha cambiado mucho porque sigo siendo la misma (misma personalidad, mismos defectos y virtudes, mismos gustos, etc) que antes. Es verdad que el hecho de habérselo contado a mis amigos hace que se desarrolle mucho la confianza, porque es algo difícil de contar y que es una muestra enorme de confianza. Tengo compañeros en la carrera, por ejemplo, que no lo saben; espero a ver si llegamos a ser más íntimos y que haya más confianza para contárselo. Muchos amigos que no son creyentes, o incluso no están bautizados, pero que por saberlo, se han acercado a Dios, o acuden a mí para pedir ayuda para poder conocerlo, o para solucionar dudas que tienen.
P: ¿Consideras el celibato como algo temporal o permanente en tu vida?
R: Lo considero algo permanente. Por poder, puedo dejarlo, con total libertad, y no sería nada malo, pero mi idea es que sea para toda la vida, porque, como he dicho antes, al fin y al cabo es una vocación, un camino para toda la vida.
P: ¿Qué le ayuda a seguir con esta vocación?
R: A veces cuesta mantenerse. Cuando me entran momentos de duda de si Dios está conmigo, pienso que es imposible que Dios no exista o que no me quiera con un amor infinito. Recuerdo que, el camino en la tierra no se recorre sola, sino que se va junto a Dios. Él me conoce y me ayuda para poder vivir el celibato, dejar que sea él quien llene mi corazón, y no las cosas pasajeras que no me van a hacer tan feliz. Pero siempre recordando que no es escoger a Dios y renunciar al mundo, sino saber que las cosas del mundo son muy buenas, y que tengo que saber “usarlas” para que me lleven a Dios, y para ayudar a los demás.
P: ¿Qué destacarías positiva y negativamente de llevar a cabo este camino?
R: A ojos humanos, podría pensarse que lo negativo es renunciar al matrimonio, y a formar una familia… Pero si se ve con una mirada creyente, es tanto lo que se “gana” que merece la pena. No quiero decir con esto que sea mejor que el matrimonio; vuelvo a insistir en que es un camino personal que Dios nos regala. Pero para quien está llamado a este camino, elegir renunciar a algunas cosas, para así poder vivir plenamente para Dios, que al final es quien me va a hacer más feliz, porque es quien más me quiere, independientemente de si fallo, si hago las cosas mal, de mis debilidades…. Por eso, vivir con el corazón disponible para llenarse del amor de Dios es lo mejor que me puede pasar. He renunciado a todos los hombres, para vivir para Dios, pero pienso en mi madre, y ella también renunció a todos los hombres, menos a uno, que es mi padre. Si se ve el matrimonio como una renuncia a más del 99% de los hombres del planeta, sería una visión muy pobre. Lógicamente es renuncia, pero es más grande lo que se gana que lo que se pierde.
P: ¿Qué mitos o ideas erróneas crees que existen sobre el celibato?
R: Tal vez que es exclusivo de sacerdotes y monjas o que es del pasado. Conozco a personas que viven el celibato, y no son personas de 80 años; tengo amigos de muchas edades, y muchos son menores de 25 años, y viven el celibato.
P: ¿Qué mensaje le darías a alguien que considera optar por el celibato?
R: Le diría que el celibato muchas veces es visto como una renuncia. Le pondría el ejemplo de antes del matrimonio y la renuncia. También que es un camino personal, de encuentro con Dios para ser feliz; no es por alcanzar un objetivo, sino que es un camino para ser ya aquí, en la tierra, feliz. Y siempre hay que recordar la belleza de la vida del cristiano, y no solo del celibato, que es que tenemos que ser muy felices en la tierra para así ser muy felices en el cielo, cuando muramos.



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