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El celibato, más allá de la abstinencia

  • 19 dic 2024
  • 3 min de lectura

Sofía Hervías. Madrid.


La palabra “celibato” consiste en no contraer matrimonio. Esta renuncia se puede deber a diferentes razones: por no haber encontrado pareja, dedicarse al cuidado de unas personas… o por un motivo religioso.  Aunque todos suponen evitar contraer matrimonio, el sentido de cada uno es muy diferente. El término está presente en distintas religiones, entre las que destaca el budismo, hinduismo y el cristianismo. 

En el presente artículo, se busca explicar el celibato desde una concepción cristiana, puesto que es la religión en la que se ha sustentado gran parte de la cultura española.

Para un católico, Cristo (y por tanto, su relación con Él) es el centro de su vida, además de sus relaciones sociales y familiares. Toda persona está llamada a una vocación particular. Ésta es el camino que Dios le da para encontrarse con Él en este mundo y así llegar al cielo y poder ser feliz. Este medio es diferente para cada uno, y, puede ser por medio del matrimonio o del celibato. Jesús llama al camino personal para cada uno, es decir, la vocación.


Nadie puede atribuir este encargo; es el Señor quien lo concede mediante el orden sagrado.” (Youcat, 2012).


Es un regalo porque quiere que nos encontremos con Él cada día, en medio de las circunstancias más comunes y ordinarias, como es escucharle a través de la familia, de nuestros amigos, del trabajo, de las penas y alegrías…Porque, al final, lo que quiere es que nosotros, sus hijos, seamos felices.

Aunque la etimología de celibato hace referencia a la renuncia del cónyuge  (del latín caelebs = que vive solo), su vida está dedicada al servicio de Dios, para que sólo sea Él quien llene su corazón; y, por consecuencia, como Él mismo hizo, vivir para los demás. Renuncian al matrimonio “por el reino de los cielos” (Mt, 19, 12), es decir, por Dios.  Se trata de un compromiso de amor a Dios, en el amor y por amor; adquirido de forma libre y voluntaria.


El papa Benedicto XVI mencionó que no significa “quedarse privados de amor, sino que debe significar dejarse tomar por la pasión de Dios”.


Su entrega es de forma plena al Señor y a su total disponibilidad para el servicio, así pues viven la paternidad o maternidad espiritual, ayudan a los demás a que se acerquen a Dios, a ser mejores personas, a que sean felices, etc.  

En la Iglesia católica realizan esta promesa personas del clero, aquellos que hacen votos religiosos o, por personas de comunidades religiosas como los laicos que, adquiere un compromiso con Dios pero sin votos. Ambos tienen una misión diferente pero deben vivir en castidad, pobreza, obediencia y al servicio de Dios. Los laicos, a través de su fe, se comprometen con la sociedad y los orientan hacia el reino de Dios; se ocupan de las personas de su entorno ya sea del colegio, trabajo o familia para darles a conocer el Evangelio y con ello aprender a amar a Cristo.  

De esta forma, el celibato celebrado en la tradición católica representa una vocación, donde hombres y mujeres se comprometen a servir a los demás y acercarlos a la fe para que encuentren la felicidad; recordando que renunciar al matrimonio se convierte en un acto de amor y dedicación a Dios.


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